Archivo del Autor: Juan Antonio Aguado Maldonado

¿Por qué el alcohol afecta negativamente a nuestro estado de ánimo?

¿Cuáles son las causas por las que el consumo del alcohol nos conduce hacia un bajo estado de ánimo?

Aunque no lo parezca, el alcohol es una droga, legal, que utilizamos a menudo para intentar mejorar nuestro estado de ánimo, olvidar nuestros problemas y evadirnos de ellos. Sería eso que algunos nos cuentan de que beben para olvidar las penas, y bueno, esa parece ser la intención.

Sin embargo lejos de contribuir a nuestro bienestar, su consumo solo va a empeorar la mala situación por la que podemos estar pasando y para colmo puede afectar negativamente el estado de ánimo.

Vamos a intentar acercarnos a las características del consumo del alcohol que hacen que nos predisponga a sentirnos con un bajo estado de ánimo, lo cual no es exactamente lo que andamos buscando.

Efectos psicológicos del alcohol

Lo primero que hay que saber es que el alcohol actúa como depresor del sistema nervioso, es decir, funciona como si fuera un tranquilizante para el organismo.

El componente principal de cualquier bebida alcohólica es el etanol o alcohol etílico que se presentará en mayor o menor grado según el tipo de bebida que tomemos.

Es conocida la función depresora del alcohol; lo que a lo mejor no es tan conocido es el efecto básico que se produce. Cuando la dosis es baja vamos a notar una disminución de la ansiedad y una desinhibición de las funciones cerebrales que hacen que nos controlemos, produciendo un estado de excitación, con aumento de la respiración y la frecuencia cardíaca.

Cuando la dosis sea mayor, y lo será, porque el control de lo que hacemos está un poco alterado y nos sentimos bien mientras bebemos, será cuando aparezca el efecto depresor del sistema nervioso central y la consiguiente disminución de conciencia y pérdida de coordinación en los movimientos. El consumo continuado va a provocar una alteración de algunos neurotransmisores como el GABA y la serotonina, lo que va a provocar que aumenten y empeoren los síntomas anímicos negativos.

Tipos de alcohol

No todas las bebidas alcohólicas son iguales, presentan distinto grado de alcohol y nos afectan de distinta manera.

En las bebidas fermentadas el etanol se obtiene mediante la fermentación de azúcares y su grado de alcohol se encuentra entre 4º y 16º por ejemplo, la cerveza y el vino; en las bebidas destiladas se evapora parte del agua de las fermentadas para aumentar la concentración del contenido etílico estando entre 20º y 42º; en los licores se mezcla la bebida fermentada con fruta aumentando así el azúcar y por consiguiente el potencial de embriaguez y en el socorrido combinado se mezcla el alcohol con una bebida con gas, gracias al cual hace que atraviese más fácilmente la barrera hematoencefálica.

Resulta entonces que no todos los tipos de alcohol afectan de la misma manera. Por ejemplo, los que toman bebidas fermentadas suelen contar que notan una sensación de relajación y que se sienten más despreocupados; en cambio, el consumo de licores, con un grado de alcohol más elevado, se relaciona con cambios más abruptos del estado de ánimo, suelen contar que se sienten más tristes y además pueden aparecer con más frecuencia conductas o sensaciones agresivas con respecto a los que beben fermentadas.

¿Por qué tomar alcohol hace que baje el estado de ánimo?

Como hemos estado viendo, parece ser que el consumo de alcohol afecta a nuestra conducta en mayor o menor medida según la cantidad que bebamos, y a la larga si el consumo es continuado o cronificado, las alteraciones que observaremos serán mayores, pudiéndose presentar trastornos mentales que no solo se limitan a la adicción, dado que, por ejemplo, pueden surgir alteraciones del estado de ánimo o problemas económicos o sociales.

Se ha observado que las personas con dependencia al alcohol muestran con mayor frecuencia síntomas depresivos y de ansiedad, pero también estaban presentes con anterioridad de que apareciera la adicción propiamente dicha.

En este sentido, el alcohol es un gran depresor del sistema nervioso central, pero esto no significa que la persona se vuelva totalmente pasiva o esté apagada emocionalmente.

También pueden aparecer otros tipos de cambios psicológicos, como por ejemplo un aumento del comportamiento agresivo, de la labilidad emocional, o un deterioro en la capacidad de juicio y toma de decisiones. Además es importante recordar que pasados unos pocos minutos estando bajo los efectos del alcohol, habitualmente aparece un malestar físico y emocional que se plasma en un bajo estado de ánimo y una tendencia a la irritabilidad.

De igual modo, también aparecen otras alteraciones que pueden se pueden observar muy fácilmente, como una marcha descoordinada, problemas en el equilibrio y en el habla, la famosa lengua de trapo que aparece en muchísimos chistes.

Todas estas cosas que estamos viendo van a repercusiones negativas que van a llegar a todos los ámbitos que forman parte de la vida de la persona que bebe demasiado, desde el familiar y el de los amigos, hasta el laboral (hay mayor absentismo laboral, menor productividad y más propensión a los accidentes en el trabajo).

Todas las consecuencias y alteraciones en la vida personal, acabarán afectando a su estado de ánimo incluso cuando ya no haya un gran exceso de alcohol en el cuerpo, viéndose así no solo afectado por los síntomas que de por sí genera el consumo de alcohol, sino también por todas las pérdidas de bienestar y de salud que comporta el hecho de seguir bebiendo.

El hecho de intentar afrontar los problemas a base de ingerir una sustancia que los puede llegar a provocar lleva a entrar en un bucle en el que se bebe para olvidar los problemas y para inhibir los síntomas depresivos y de ansiedad que se pueden tener, pero solo se consigue empeorar la situación y que el malestar no solo continúe, sino que aumente.

Es importante que nos demos cuenta de que tomar alcohol no va a solucionar nada, ni va a aliviar el malestar emocional por el contrario, sólo empeorará la situación, su estado de ánimo e incluso su calidad y cantidad de sueño.

Se han dado casos en los que personas que no presentaban inicialmente un trastorno depresivo o del estado de ánimo, finalmente, y a causa del consumo de alcohol, han llegado a desarrollarlo.

Como pasa con la mayoría de las drogas, si dejamos de tomar alcohol es fácil que aparezcan síntomas negativos que pueden llevar al conocido síndrome de abstinencia, aumentándose en este caso tanto trastornos del estado de ánimo como ansiedad.

Es decir, dejar de tomar alcohol una vez estamos inmersos en una adicción también afecta a nuestra salud mental, y la idea de tener que esforzarse para no recaer también contribuye a que el estado de ánimo empeore, ya que no se ve una salida clara a la adicción.

Puede ser necesario buscar ayuda profesional para poder afrontar con más eficacia la adicción que tenemos.

Otra cosa que también confirma los trastornos que acompañan al consumo de alcohol en nuestro estado de ánimo es el aumento del riesgo de suicido vinculado al consumo de alcohol. En este caso, el tomar alcohol actúa como factor de riesgo, dado que aparecen síntomas depresivos, de ansiedad, impulsividad y agresivos (en esta ocasión una violencia dirigida a uno mismo), que junto con la desestructuración y la afectación de los diferentes ámbitos de la vida, producen una combinación que puede llegar a ser fatal y que puede llevar a algunas personas a creer que la única salida es la muerte. Se ha observado que aproximadamente un 25% de los suicidios están relacionados con el consumo de alcohol.

¿Buscas servicios de apoyo psicológico profesional?

Además de toda una red de profesionales que desde el ámbito privado estarían dispuestos a echar una mano, también existe una magnífica red de profesionales que desde el ámbito público, tanto municipal como regional -en Madrid forman parte de los CAD y los CAID-, y están preparados para ayudarte, si lo crees necesario.

La Historia del Martillo.

Paul Watzlawick, en su libro «El Arte de amargarse la vida», cuenta la historia del martillo, por cierto un librito (bastante corto) muy divertido y escrito con bastante retranca (si, son cosas de psicólogos, pero si te animas a leerlo, seguro que tú también te diviertes un poco, es fácil de encontrar… en la red).

Tal vez no te haya ocurrido a ti directamente –a ninguno nos pasa, ni nos pasará- pero seguro que conoces a alguien a quien le haya pasado algo parecido.

Te invito a leerla, y si acaso a esbozar una ligera sonrisa.

«Un hombre quiere colgar un cuadro. El clavo ya lo tiene, pero le falta un martillo. El vecino tiene uno. Así pues, nuestro hombre decide pedir al vecino que le preste el martillo.

Pero le asalta una duda:

¿Qué? ¿Y si no quiere prestármelo?

Ahora recuerdo que ayer me saludó algo distraído. Quizás tenía prisa.

Pero quizás la prisa no era más que un pretexto, y el hombre abriga algo contra mí.

¿Qué puede ser? Yo no le hecho nada; algo se habrá metido en su cabeza.

Si alguien me pidiese prestada alguna herramienta, yo se la dejaría enseguida. ¿Por qué no ha de hacerlo también? ¿Cómo puede uno negarse a hacer un favor tan sencillo a otro?

Tipos como este le amargan a uno la vida. Y luego todavía se imagina que dependo de él.

Solo porque tiene un martillo. Esto ya es el colmo.

Así nuestro hombre sale precipitado a casa del vecino, toca el timbre, se abre la puerta y, antes de que el vecino tenga tiempo de decir «buenos días», nuestro hombre le grita furioso: «Quédese usted con el martillo, so penco».

Anímate a comentar si te has sentido identificado, o si tienes un familiar, amigo o conocido al que seguro que le pasa esto. (No digas nombres, por si acaso…).

Pequeña leyenda hindú

Hace ya algunos años –así como 20 o más (privilegios de la edad)- me llegó esta historia. Recuerdo que me gustó mucho. Y como tantas otras cosas, pasó a un cajón de recuerdos bonitos. Ese cajón que casi nunca se vuelve a abrir, si no es para seguir guardando cosas…
Hasta que hace unos días ha regresado a mi dentro de un librito de esos que leemos los psicólogos y demás gentes de mal vivir. No tengo muy claro el porqué. Y he decidido compartirla con vosotros.
A lo mejor ya la conoces. Si a ti también te ha ocurrido, si también tú te has reencontrado con esta pequeña historia, te invito a que tratemos de encontrar el motivo. Puede ser entretenido. Nunca se sabe dónde podemos acabar…

https://media.istockphoto.com/photos/view-of-deity-of-the-virupaksha-temple-complex-picture-id1148345172?b=1&k=6&m=1148345172&s=170667a&w=0&h=wEFutL7S7Z2_r4BYh39r-Ds7a6Cw5mGdff7IcgKXaCg=



“Una antigua leyenda hindú cuenta que hubo un tiempo en el que todos los hombres eran dioses, pero abusaron de tal forma de su divinidad que Brahma, el dios supremo, decidió desposeerlos de su poder divino y esconderlo en un lugar donde les fuera imposible encontrarlo.

El problema, por tanto, era decidir cuál sería ese escondrijo.
Cuando los dioses menores fueron convocados a un consejo para resolver este problema, propusieron lo siguiente:
• Ocultemos la divinidad bajo la tierra.
Pero Brahma respondió:
• No, eso no basta, pues el hombre excavará y acabará por encontrarla.
Entonces los dioses replicaron:
• Echemos la divinidad a lo más hondo de los océanos.
Pero Brahma respondió de nuevo:
• No, pues más tarde o más temprano, el hombre explorará las profundidades de todos los océanos, y lo más seguro es que un día la encuentre y la saque a la superficie.
Entonces los dioses menores concluyeron:
• No sabemos dónde esconderla, pues no parece existir ni en la tierra ni en el mar, un sitio donde el hombre no pueda llegar algún día.
Entonces Brahma dijo:
• Ya tengo la solución. Esto es lo que vamos a hacer con la divinidad del hombre: esconderla en lo más profundo de si mismo, pues será el único lugar en el que nunca pensará buscar.

Desde ese momento, concluye la leyenda, el hombre ha dado la vuelta al globo, ha explorado, escalado y se ha sumergido, incluso ha explorado la Luna y el cielo en busca de algo que se encuentra dentro de él.”

RECOMENDACIONES DIRIGIDAS A LA POBLACIÓN PARA UN AFRONTAMIENTO EFICAZ ANTE EL MALESTAR PSICOLÓGICO GENERADO POR EL BROTE DE CORONAVIRUS-COVID 19

Este texto es del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, directamente lo copio y pego sin apenas modificaciones:

La evolución de la situación comunicada a través de noticias y advertencias, no siempre se hace de la forma adecuada, bien por falta de rigurosidad, forma de comunicación, o sobredimensión de la misma. Esto puede influir en el estado emocional de las personas, dando lugar a conductas de alerta que se muestran poco eficaces a nivel personal y social.

A – SI NO ESTÁ AFECTADO POR LA ENFERMEDAD

Pero está sintiendo una serie de emociones con alta intensidad y/o persistentes como:

● Nerviosismo, agitación o tensión, con sensación de peligro inminente,

y/o pánico.

● No puede dejar de pensar en otra cosa que no sea la enfermedad, o la

preocupación por enfermar.

● Necesita estar permanentemente viendo y oyendo informaciones sobre

este tema.

● Tiene dificultad para concentrarse o interesarse por otros asuntos.

● Le cuesta desarrollar sus labores cotidianas o realizar su trabajo

adecuadamente; el miedo le paraliza y le impide salir a la calle.

● Está en estado de alerta, analizando sus sensaciones corporales, e

interpretándolas como síntomas de enfermedad, siendo los signos

normales habituales.

● Le cuesta controlar su preocupación y pregunta persistentemente a sus

familiares por su estado de salud, advirtiéndoles de los graves peligros

que corren cada vez que salen del domicilio.

● Percibe un aumento del ritmo cardíaco, respiración acelerada

(hiperventilación), sudoración, temblores sin causa justificada.

● Presenta problemas para tener un sueño reparador.

LE RECOMENDAMOS QUE…

1. Identifique pensamientos que puedan generarle malestar. Pensar

constantemente en la enfermedad puede hacer que aparezcan o se

acentúen síntomas que incrementen su malestar emocional.

2. Reconozca sus emociones y acéptelas. Si es necesario, comparta su

situación con las personas más cercanas a usted para encontrar la

ayuda y el apoyo que necesita.

3. Cuestiónese: busque pruebas de realidad y datos fiables. Conozca

los hechos y los datos fiables que ofrecen los medios oficiales y

científicos y evite información que no provenga de estas fuentes,

evitando información e imágenes alarmistas.

4. Informe a sus seres queridos de manera realista. En el caso de

menores o personas especialmente vulnerables como ancianos, no les

mienta y proporcióneles explicaciones veraces y adaptadas a su nivel de

comprensión.

5. Evite la sobreinformación, estar permanentemente conectado no le

hará estar mejor informado y podría aumentar su sensación de riesgo y

nerviosismo innecesariamente.

6. Contraste la información que comparta. Si usa redes sociales para

informarse, procure hacerlo con fuentes oficiales.

PAUTAS Y TAREAS DE AUTOCUIDADO.

● Mantenga una actitud optimista y objetiva. Es fuerte y capaz.

● Lleve a cabo los hábitos adecuados y de higiene y prevención que

recomienden las autoridades sanitarias.

● Evite hablar permanentemente del tema.

● Apóyese en su familia y amigos.

● Ayude a su familia y amigos a mantener la calma y a tener un

pensamiento adaptativo a cada situación.

● Acuda a fuentes oficiales y busque información contrastada por

expertos: Ministerio de Sanidad, Colegios Profesionales Sanitarios,

Organismos Oficiales, OMS, etc.

● No contribuya a dar difusión a bulos y noticias falsas. No alimente su

miedo ni el de los demás.

● Procure hacer vida normal y continuar con sus rutinas.

● Tenga cuidado con las conductas de rechazo, estigma y/o

discriminación. El miedo puede hacer que nos comportemos de forma

impulsiva, rechazando o discriminando a ciertas personas.

B – SI PERTENECE A LA POBLACIÓN DE RIESGO SEGÚN INDICAN LAS

AUTORIDADES SANITARIAS

1. Siga las recomendaciones y medidas de prevención que determinen

las autoridades sanitarias. Confíe en ellos porque saben lo que tienen

que hacer. Ellos tienen los conocimientos y los medios.

2. Infórmese de forma realista y siga las pautas emocionales del

apartado A.

3. No trivialice su riesgo para intentar evadir la sensación de miedo o

aprensión a la enfermedad.

4. Tampoco magnifique el riesgo real que tiene. Sea precavido y prudente

sin alarmarse.

5. Si le recomendaran medidas de aislamiento, tenga presente que es

un escenario que puede llevarle a sentir estrés, ansiedad, soledad,

frustración, aburrimiento y/o enfado, junto con sentimientos de miedo y

desesperanza, cuyos efectos pueden durar o aparecer incluso

posteriormente al confinamiento. Trate de mantenerse ocupado y

conectado con sus seres queridos.

6. Genere una rutina diaria y aproveche para hacer aquellas cosas que

le gustan pero que habitualmente por falta de tiempo no puede realizar

(leer libros, ver películas, etc.).

C – SI ESTÁ PADECIENDO LA ENFERMEDAD

Siga las recomendaciones anteriores y además:

1. Maneje sus pensamientos intrusivos. No se ponga en lo peor

anticipadamente.

2. No se alarme innecesariamente. Sea realista. La inmensa mayoría de

las personas se están curando.

3. Cuando sienta miedo, apóyese en la experiencia que tiene en

situaciones similares. Puede que ahora no lo asocie por tener

percepción de mayor gravedad. Piense cuántas enfermedades ha

superado en su vida con éxito.

Pequeño manual para luchadores contra el coronavirus.

Si estás leyendo esto, quiero que sepas que, quieras o no, te guste o no, ya estás reclutado para combatir a un enemigo que nos afecta a Todos.

La realidad es la que es, y además es muy tozuda. Aunque te niegues a aceptarla, ahí está. No entiende de color de piel, ni de ideologías, ni de creencias. Puedes creer lo que gustes. No va a cambiar. Sobre todo si no haces nada.

¿Y qué puedes hacer?

Fundamentalmente colaborar y arrimar el hombro.

Resulta imprescindible que nos quedemos en casa el mayor tiempo que nos sea posible. Procuremos no salir a la calle. Es la recomendación más segura y nuestra misión más importante como luchadores contra este mal común. Es también lo más eficaz que podemos hacer para salir pronto victoriosos de esta situación.

Entiende que permanecer en casa es lo más correcto e imprescindible. Debe ser una idea constante en nuestro pensamiento y si me apuras en las conversaciones con quienes nos acompañan en casa.

Es posible que se hayan cometido errores y también es posible que alguno más se acabe cometiendo. La medicina no es una ciencia exacta y el enemigo es nuevo. Aunque no te lo creas estamos en el proceso de conocer cómo es, y en ese proceso a veces se dan palos de ciego, que nos sirven como lección y para aprender de nuestros errores. Pero eso no nos va a impedir seguir adelante. Y vencer.

La situación va a depender mucho de nosotros mismos, de nuestro respeto, hacia nosotros y las demás personas, de nuestra honestidad y nuestro compromiso con la misión. El cumplir con las recomendaciones que nos vayan dando es nuestra principal responsabilidad.

Nuestra vida ha cambiado sustancialmente y casi de la noche a la mañana. Vamos a tener que cambiar nuestras rutinas. Casi todas. Por eso hay que organizarse y pensar bien lo que podemos hacer, cuándo, cómo y con quién hacerlo. Planifica, piensa en actividades que uno puede realizar solo (si es la situación) o en compañía. No lo dejes a la improvisación.

Planifica todo lo que necesites relacionado con la alimentación y otros productos de primera necesidad para salir a la compra lo menos posible. Procura hacer una lista para que no se te olvide nada…

Intenta escribir todas las ideas que se te ocurran para estar tiempo en casa sin salir. Organizar alguna actividad para que toda la familia opine y decidáis juntos. Es una manera de que todos os sintáis responsables. Ten en cuenta que en esta lucha, hasta los niños son guerreros.

Vais a estar mucho tiempo juntos, es importante respetar espacios, necesidades particulares y tiempos diferenciados.

A veces ayuda el escribir todo esto y diseñar una especie de horario que esté visible para todos los de casa y que sea flexible, para poder modificarse con el acuerdo de todos los que estáis compartiendo esa experiencia (no todas las familias son iguales, cada una tiene una experiencia, parecida, o distinta).

Para esta, como para todas las luchas resulta imprescindible informarse, por supuesto, Pero habría que hacerlo adecuadamente. Habría que buscar la información OFICIAL, CONTRASTADA Y NECESARIA.

La preocupación y la falta de confianza en los medios autorizados (no solamente por la ley, sino por autoridades especializadas que nos den una información real, veraz y contrastada) hace que tendamos a la sobreinformación. Comenzamos a leer noticias, algunas falsas, otras veraces, otras tremendistas, otras tendenciosas, alarmistas y fundamentadas en… nada.

La sobreinformación puede llegar a ser muy nociva, tóxica a veces, porque puede provocar sensaciones de desasosiego, e incluso abandono por parte de quienes se preocupan por nosotros, que son absolutamente contraproducentes. Hay que buscar información, por supuesto. Pero la justa y correcta.

Comparte esa información con quienes te acompañan en casa. Sé prudente y usa mensajes constructivos y adecuados a la edad de cada uno, sobre todo con los más pequeños. Intenta no difundir, crear o esparcir rumores, ni estar todo el rato hablando de eso.

Las redes sociales están bien, pero con prudencia. Hay miles de noticias falsas e informaciones inútiles que ni siquiera los medios serios pueden contrastar convenientemente porque se producen a millones y pueden hacer que perdamos la tranquilidad con mucha facilidad. Y lamentablemente, ése es su objetivo. Desestabilizarnos.

Mantente conectado con tus familiares que no viven en tu casa, amigos, compañeros de trabajo y especialmente con las personas mayores, sean o no familiares tuyos. Charlar con ellos sobre cómo estamos afrontado esta situación no va a ayudar, evitando en lo posible, eso si, alimentar miedos e inquietudes.

Si puedes, y si te es posible, puedes recurrir a las videollamadas, así se facilita el contacto y puedes aportar tranquilidad a la otra persona, que puede ver que estás bien.

Mantener la calma y la visión de que estamos haciendo lo correcto nos va a ayudar en todo momento. Porque estaremos haciendo las cosas bien.

Puedes aprovechar esta nueva situación, que se sabe que es temporal para hacer cosas y disfrutar de esos momentos que casi nunca podemos vivir, debido al ritmo y la organización de la vida que solemos llevar.

Hay muchas actividades de las que nos podemos aprovechar. Puede que nos resulte raro al principio, porque no suelen formar parte de nuestras rutinas habituales y tal vez pensemos que no podemos o no sabemos vivirlas. Pero eso no tiene por qué ser así, al contrario. Encontrar espacios para estar juntos, leer, también para trabajar, claro, para jugar con nuestros hijos (juegos de mesa, interactivos, online en familia), momentos de lectura juntos, seleccionar vídeos musicales, tutoriales o películas para compartir… Busca la complicidad de los que te acompañan.

Puede ser un tiempo perfecto para la creatividad tanto si estás solo como en compañía. Puedes cocinar, hacer esos pequeños arreglos que siempre se dejan para otro momento, puedes redecorar la casa. Se puede organizar un concurso de ideas para decorarla, o para preparar comidas distintas a las habituales.

Puedes ordenar los armarios y desechar la ropa que ya no utilizas, piensa en quién puede aprovecharse de ella, o si se puede vender por ciertas apps… Ya sabes.

Si se puede, intenta hacer esto en compañía, valorando positivamente todas las ideas que surjan entre todos: un taller de cuentos, relatos cortos, pequeñas historias, algo que os haga pasar un momento divertido.

Cuando todo esto pase, puede que haya menos momentos para este tipo de actividades.

También se puede hacer deporte en casa. Habría que planificar esta actividad. Se pueden encontrar nuevas aplicaciones o tutoriales para diferentes edades. Además de ser divertido, lo mismo nos mantiene en forma y aumentarán las sustancias estimulantes de nuestro cuerpo que nos hacen sentir bien. Así se reduce un poco la aparición de síntomas de depresión y ansiedad, mejora el funcionamiento de nuestro cerebro, activa nuestro cuerpo y aumenta la sensación de bienestar.

Evitando obsesionarte y preocuparte en exceso, valora el estado de salud en el que os encontráis y procede como nos están indicando las autoridades si detectas alguna situación que te preocupe.

Hay que darle mucha importancia al autocuidado: recibir luz natural, si se puede, durante 20 minutos al día, toma una dieta equilibrada, hidrátate convenientemente, duerme un número de horas adecuadas y, muy importante, no pierdas el sentido del humor.

Si lo crees conveniente, pide ayuda a tu red de apoyo.

Y para terminar, cuida especialmente tu estado de ánimo, lo que dices y sobre todo cómo lo dices, sobre todo si hay niños en casa.

Pero no sólo éso, cuida mucho tus pensamientos y emociones de manera que puedas construir y responder adecuadamente a momentos en los que el ánimo nos falla y la sensación de incertidumbre y desasosiego surge.

Y recuerda que gracias a tu labor, a tu lucha, estamos combatiendo el coronavirus y entre todos lo vamos a vencer.

NO ESTAMOS SOLOS.

SOMOS PARTE DE UN EJÉRCITO Y TODOS ESTAMOS LUCHANDO.

HASTA QUE LOGREMOS LA VICTORIA.

Este texto, está copiado casi palabra por palabra de un documento que ha publicado el Colegio Oficial para la Psicología de Madrid, que se titula “Orientaciones para la gestión psicológica de la cuarentena por coronavirus”. Espero que no se enfaden mucho y no acabe preso por plagio, porque permiso, lo que se dice permiso, no les he pedido…

Tutorial sobre cómo fabricar una mascarilla en casa 100% efectiva contra el Covid-19

Estamos acostumbrados, fundamentalmente por las películas e incluso por los documentales, a ver profesionales de la salud con estas mascarillas puestas. Como barrera protectora son maravillosas y han salvado miles de vidas.

También estamos acostumbrados a ver a miles de japoneses con ellas puestas mientras viajan en metro y que a ellos les parece normal, incluso respetuoso.

Y ahora ha llegado esto del Covid-19 que es una enfermedad que está afectando a la población mundial.

Tenemos miedo al contagio y es lógico.

Y una de las primeras cosas que vienen a la mente es la de protegernos del contagio.

Lo siguiente es pensar con toda la lógica del mundo que usando ese tipo de mascarillas estaremos a salvo.

Tanto es así que ya es muy difícil encontrarlas en el mercado, y la gente recurre a lo que tiene más a mano: bufandas, bragas de ciclista o motorista pra el cuello, pañuelos…

No os preocupeis.

Lo cierto es que estas mascarillas funcionan de maravilla, porque efectivamente pueden evitar el contagio. Pero quiero explicarme, pueden evitar que EL QUE LLEVE LA MASCARILLA contagie al que no la lleva.

El cirujano y las enfermeras de quirófano se ponen la mascarilla no tanto para protegerse ellos, sino para proteger al paciente.

La mascarilla evita que las gotas de tu saliva que salen de tu boca al hablar con alguien llegen a esa persona. Por lo tanto, si toses o estornudas con la msacarilla puesta, es más difícil que contagies a nadie. Pero no imposible, porque al toser o estornudar suele salir más cantidad de saliva o secreciones que al hablar. Por eso, con mascarilla o sin ella, al toser o estornudar tápate la boca y nariz con un pañuelo de papel y procura no guardarlo para otra vez. Ya sabes, usar y tirar. Si no queda más remedio, tápate con la parte de delante del codo. Si, esa por donde se dobla. No intentes taparte con el codo en si, lo mismo es imposible si no eres contorsionista y puedes causarte un esguince cervical…

Hay otro tipo de mascarillas, claro. Pero ésas se las vamos a dejar a las personas que realmente las necesitan.

¿Y el tutorial para evitar el contagio 100 % efectivo contra el Covid-19? Bueno, pues aquí os lo dejo ( Está en italizano, pero seguro, seguro que lo entiendes):


Ten muy en cuenta que el humor a veces es una cosa muy seria.

Y si a pesar de todo, tienes las desgracia de haberte contagiado, aquí te dejo unos consejitos recién emitidos por el Gobierno de Aragón, pero que como son de lo mejorcito, lo mismo es exportable al resto de España. Y al extranjero.



Recuerda, por favor, no salgas de casa si no es estrictamente necesario.

Impresiones de un impresentable sobre esto del COVID-19

Con todo esto del covid-19 y el estado de Alerta me he dado cuenta de un par de cosillas, y como hoy toca recogimiento en casa me apetece un poco compartirlas. Por entretenerme nada más y por si tú tambien te aburres y te apetece leer las tontunas de otro.
Me he dado cuenta de que hay gente que ni siquiera en un estado de emergencia social como en el que estamos y en la que todos deberíamos remar en la misma dirección no hacen lo que se espera de ellos y sin embargo se dedican a poner palos en las ruedas.
Los que consideran que a ellos les tiene que llamar el Director General de la Organización Mundial de la Salud personalmente, para que no salgan de sus casas, porque nadie les va a decir dónde pueden o no pueden estar, o festejar.
Los que consideran que lo mejor es llevar a los niños a la playa, o a la sierra, ahora que tienen 15 días de vacaciones, y si ya les dejan con los abuelos, pues mucho mejor.
Los que deberían tener una conducta EJEMPLAR, pero que después de ser diagnosticados, en lugar de quedarse en casa, se van de paseo sin mascarilla ni protección alguna o, sin estar diagnosticados, se escapan un día antes de que se declarara su zona de residencia como de alto riesgo, a su casita en cierta zona residencial y muy, muy exclusiva, custodiados por la policía nacional.
Los que acaparan mascarillas para no contagiarse, cuando lo que hace la mascarilla, esa de “tela” y que desaparece de los hospitales misteriosamente, es que no contagies tú, porque evita que tu saliva se proyecte lejos.
Pero como ya no quedan mascarillas cualquier cosa vale: un foulard de seda, sintética, claro, una bufanda tubular (vamos una braga), un jersey de cuello alto… cualquier prenda de ropa que te tape la nariz.
También están los que llevan guantes de lana…
Los que acaparan cosas porque si. No vaya a ser que me haga falta: yogures, natillas, postres, agua mineral, espinacas frescas, papel higiénico…
Y luego, para contrarrestar hay una panda de personas de a pie que lo están dando todo.
Los currelantes de los hospitales y centros de salud que están hasta la bandera porque, entre otras cosas, se decidió que sobraba personal, sobraban camas y que era mejor derivar pacientes a otros sitios y pagar el doble por ello. Los motivos sólo lo saben los que tomaron esas decisiones, y probablemente algunos familiares o amigos suyos.
Por cierto, que en los hospitales no sólo trabajan médicos y enfermeras, hay toda una cohorte de profesionales que funcionando todos a la vez hacen que el hospital sea un instrumento musical perfectamente afinado. A pesar de algunos. Son los técnicos, auxiliares, celadores, personal de cocina, personal de limpieza y hasta incluso personal administrativo. Y es casi seguro que alguno se me escapa, como los guardias de seguridad.
Hay otros currelantes, invisibles, que también están ahí aumque ya no estén en los hospitales y son todos aquellos que están en contacto con el público en general y que tienen que soportar diariamente las impertinencias del impresentable de turno que se cree con derecho a menospreciara quien le está dando un servicio, y que no saben si detrás de tu inútil mascarilla de tela hay una persona infectada o sólo una persona con miedo. Pese a todo te están atendiendo con toda su amabilidad y profesionalidad.
También están los que te traen suministros desde otros sitios, ¿o te crees que los rollos de papel higiénico crecen el el súper? Alguien te los tiene que traer. Los que te llevan la hamburguesa a casa también cuentan.
También está habiendo una panda de locos maravillosos que ofrecen sus taxis gratuitamente para trasladar enfermos, o posibles enfermos, hasta los hospitales, viendo que eso de las ambulancias está bastante complicado.
Las personas que cuidan de tus padres porque tú no puedes, en casa o en residencias. Y algunas ni siquiera tienen consideración de personal sanitario. Y que, en la medida de sus posibilidades procuran que estén lo mejor posible.
Me quedan los funcionarios públicos, porque la Administración no puede ni debe pararse. Incluidos los currelantes del transporte público.
Las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, como siempre realizando tareas bastante ingratas, supongo que intentando impedir que te vayas a infectar a otros sitios cuando tú has decidido que como no te ha llamado el Director General de la OMS, te puedes ir donde te salga del papo.

Sí. Hay gente que se dedica a poner palos en las ruedas de este carro del que tiramos todos.

Afortunadamente hay otros que a lo mejor no son héroes, pero para mi que se les parecen muchísimo ,y que a su manera están aportando su granito y hacen que este carro tire para adelante.
Intenta hacer tú algo parecido.
Muchas pequeñas personas, haciendo pequeñas cosas, podemos hacer algo grande.
No pasa nada por ir a por el pan o a por pasta de dientes. Si luego no te dedicas a chafardear sobre la vecina que ha “pillao er bircho” algo habrá hecho la “mu” guarra.
Vas, compras y te vuelves a casa.
Puedes tratar de alimentarte bien. Alimentarse bien no significa jalarse cuatro natillas porque he comprado 40 y me caducan mañana. Frutas. Verduras. Legumbres. Aquello de la dieta mediterránea. Lo que guisaba tu abuela (procura ponerle un poco menos de grasa que ella). Porque estar bien alimentado implica que es más difícil que te pongas malito. Por cierto hidrátate bien.
Realiza actividades que te relajen. El estrés y la ansiedad están un poco a la gresca con tu sistema inmunitario. Si intentas soltar un poco de carga emocional lo mismo te resulta beneficioso.
Los hay que rezan, los hay que hacen ganchillo, los que meditan, los que hacen solitarios… Chafardea por teléfono, habla con tu familia. Puedes sacar al perro, darte un paseo corto, leer, escribir un diario, poesía o la mejor novela aún no escrita. Puedes hacer lo que tú sabes que te gusta y que te relaja. (Sí, eso también, si a tu pareja también le apetece).
Puedes informarte de la enfermedad y de la situación actual, por los canales oficiales, por favor. Que para histéricos ya estamos nosotros bastante serviditos en esto de las redes sociales. Y no. Tu cuñado no sirve como fuente de información normalmente. Imagínate ahora.
Y si al final te infectas, pues mira, si estás bien alimentado, hidratado y relajado, lo mismo los efectos no son tan catastróficos, porque, entre otras cosas, no suelen serlo. Los fallecidos, casi todos, eran personas que estaban inmunodeprimidas o porque tenían enfermedades previas que por desgracia, lo han complicado.
Date cuenta que algunos de estos impresentables, que han sido diagnosticados ya se pasean a los pocos días de manera poco responsable, por cierto y hacen una vida casi normal.
Lo importante es evitar las posibilidades de que te contagies, y si ya lo estás, evitar que se lo pegues a alguien más. Si crees que lo has pillado llama a los teléfonos que se han habilitado para estas cosas, y ten paciencia si no te contestan enseguida. Lo mismo hay MILES de personas que pensamos que estamos contagiadas y llamamos todos a la vez. Aunque resulte que lo que tengo es gastroenteritis.
Cuidate.
Mantente bien informado.
Ventila tu casa.
Aliméntate bien.
Permanece hidratado.
Relájate, no tengas miedo.
Lávate las manos.

Y sal poquito de casa.

Entre todos podremos. Y si tú aportas algo… mucho mejor.

Clavos en la Verja

Cuando nos sentimos enfadados por algo, y a veces nos enfadamos mucho, darle un camino a la ira y enfrentarte a ella de manera adecuada es complicado, a veces muy complicado, pero no imposible.
Lo que si está claro es que no conviene ser agresivos ni agredir ni con palabras ni con nuestras acciones, porquede esa manera seguiremos aumentando la culpa, la humillación y con ella la rabia y entraremos en un círculo vicioso de difícil salida.
La comunicación respetuosa es la mejor manera de solucionar conflictos.
Esta pequeña historia puede servir de ejemplo.

Clavos en la Verja

“Hubo una vez un niño que tenía muy mal genio. Su padre le regaló una caja de clavos y le dijo que cada vez que perdiera el control tenía que clavar un clavo en la madera de la parte trasera de la valla.
El primer día el niño había clavado 37 clavos.
Durante las siguientes semanas, como había aprendido a controlar su rabia, la cantidad de clavos comenzó a disminuir diariamente.
Descubrió que era más fácil controlar su temperamento que clavar los clavos en la valla.
Finalmente llegó el día en que el niño no perdió los estribos. Se lo contó a su padre y este le sugirió que por cada día que se pudiera controlar sacara un clavo.
Los días transcurrieron y el niño finalmente le pudo contar a su padre que había sacado todos los clavos
El padre tomó a su hijo de la mano y lo llevó hasta la verja…
Fue entonces cuando le dijo: “Has hecho bien, hijo mío, pero mira los agujeros en la valla.
Nunca volverá a ser la misma.
Cuando dices cosas con rabia, dejan una cicatriz igual que ésta.
Le puedes clavar un cuchillo a un hombre y luego sacárselo. Pero no importa cuántas veces le pidas perdón, la herida siempre seguirá ahí.”

Y tú, ¿qué opinas?

Mi pequeño tiranuelo (3/3)

Destronando al Tiranuelo.

Después de descubrir lo que caracteriza a nuestro pequeño tirano y los motivos que han hecho que ocupe el trono imperial de la casa, le toca el turno a conseguir derrocarlo. O al menos intentarlo.

Esto de tener un tiranito en casa no sucede de hoy para mañana. Es un proceso que lleva cierto tiempo de gestación. A menudo mucho más del que uno es consciente.
Por eso, cuando creas que las cosas se te han ido de las manos, o cuando empieces a darte cuenta de ello, lo mejor sería acudir a un buen profesional de tu confianza. Subrayando buen profesional y de tu confianza. Aunque eso signifique ir peregrinando un poco de consulta en consulta.

Hay profesionales que consideran que el abordaje de este problema abarca tres objetivos fundamentales:

  • Establecer determinados límites y normas firmes en relación con la agresividad y el engaño. Básicamente tolerancia cero.
  • Trabajar para mejorar la autoestima del pequeño.
  • Trabajar la inteligencia emocional, basándose fundamentalmente en el desarrollo de habilidades sociales, la empatía, el altruismo y la solución de problemas.

Y una vez establecidos los objetivos generales, ya se puede hablar de ofrecer una serie de pautas para conseguirlos:

  •  En primer lugar, establecer límites y poner normas desde el principio. Hay quienes consideran que sería bueno empezar cuando antes, casi desde el tercer o cuarto mes… tal vez sea un poco exagerado. Tal vez no. Lo realmente importante es que el niño comprenda que existen normas que hay que cumplir y reglas que seguir. Algunas deben ser inamovibles: no pegar, no insultar (tolerancia cero a la agresividad y la violencia). Y otras se pueden negociar… Eso si, el incumplimiento de estas normas debe tener unas consecuencias.
    Lo mejor: darles tareas acordes con su edad, para que vayan aprendiendo lo que es la autonomía y la responsabilidad.
  • Por supuesto se debe tener un único criterio, una coherencia entre todos los adultos responsables del pequeño.
  • Reforzar, en la medida de lo posible, la aparición de conductas positivas siempre resulta más efectivo que el castigo, pero si se ha impuesto uno, hay que cumplirlo (debería ser inmediato y proporcionado, se trata de un castigo, no se trata de dar ejemplo a otros ni de una venganza). Conviene explicar claramente cuales son las normas o por qué se le dice que no a una petición usando argumentos que el niño pueda entender, eso si, sin entrar en debates eternos.
  • Enseñar, promover y premiar el esfuerzo, aunque el resultado no sea exactamente el esperado, siempre se debe valorar el hecho de haberlo intentado.
  • Predicar con el ejemplo. Eso de haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago resulta confuso. Eres el modelo de conducta del pequeño. Deberías actuar como te gustaría que actuase. La coherencia vuelve a aparecer como algo muy importante.
  • Es importante que el niño entienda qué significan sus emociones y cómo se sienten otras personas, debe aprender a ponerse en el lugar de otros. Se trata de fomentar la empatía e invitarle a que practique actos altruistas para que vea su efecto en los demás. Inteligencia emocional. Por supuesto.
  • En una casa donde los adultos gritan y amenazan es más complicado que los niños aprendan a comunicarse de forma sosegada. Habría que esforzarse para que la comunicación esté exenta de agresividad y que en su lugar aparezca un diálogo respetuoso, y algo aún más importante, con espacio para la escucha. Habría que favorecer un tipo de comunicación sin gritos, sin insultos ni amenazas, respetando el turno de palabra. Se trata de que le expliques al pequeño cómo te sientes y que le animes a que te cuente cómo se siente él.

El síndrome del emperador se puede solucionar. Afortunadamente a esas edades casi nada es definitivo.

Parece que hay cierto consenso en que la solución pasa por explicar los limites y reforzar los aspectos positivos del niño. La claridad de esos límites, el refuerzo positivo y sobre todo, en la medida de lo posible, dedicarles tiempo de calidad (teniendo en cuenta que el tiempo que pases con tus hijos es también tiempo que te dedicas a ti mismo) favorecerá que aparezca la seguridad necesaria para desarrollarse como personas autónomas y felices.
Y ten en cuenta que si el proceso de convertirse en tirano lleva cierto tiempo, el tener que desandar el camino, tampoco es inmediato.

 

Mi pequeño tiranuelo (2/3)

¿Cómo se llega a tener un Tiranuelo en casa?

¿Cuáles son los motivos que llevan a esta situación?
Pues como resulta que no es un problema fácil, los motivos que llevan a esta situación tampoco lo son.
Lo más sencillo suele ser culpabilizar a los padres, aquello de «si fuera hijo mío le iba a enseñar yo».
Pues no.
El problema es bastante más complejo, entre otras cosas porque este tipo de violencia suele ser selectiva y no una constante permanente en la personalidad del niño, en algunas ocasiones este comportamiento sólo se manifiesta en el seno de la familia y no en la escuela o en otros ámbitos, en los que su comportamiento puede resultar de lo más adecuado.
Realmente aún no se ha identificado con exactitud las causas que originan este problema. Aunque, como casi siempre, se habla de una especie de acumulación de factores.
En primer lugar, claro, está la predisposición genética (no, la herencia no, o no sólo). Esto podría explicar el por qué dentro de una familia, y con las mismas condiciones ambientales, solamente se ve afectado uno de los miembros.
También parece existir un componente físico. Pudiera ser que existiera un cierto desequilibrio en la química cerebral (por ejemplo la fluctuación de serotonina, pero hay bastantes sustancias diferentes fluyendo por ahí dentro de la cabeza). Un desequilibrio de los distintos neurotransmisores puede impedir la adecuada regulación de las emociones, el control de los impulsos y también puede incidir en el comportamiento. Aunque esta es una afirmación tal vez excesivamente médica, o más bien, directamente psiquiátrica, y por lo tanto está más próxima al Trastorno de Oposición Desafiante.
Parece existir cierto consenso entre los investigadores en la importancia de las causas psicosociales.
Es innegable que de un tiempo a esta parte se evidencia un cambio en el modelo laboral y social, cosa que va a repercutir directamente en la cantidad y calidad del tiempo que pueden emplear los padres para dedicar a sus hijos. Las necesidades económicas, desgraciadamente, mandan y la inestabilidad del mercado laboral no favorece precisamente ese deseable concepto de conciliación familiar que tanto se busca y tan poco se encuentra.
Por otra parte estamos inmersos en un tipo de sociedad excesivamente hedonista y consumista, en el que los ejemplos que más triunfan son los que consiguen el éxito de forma fácil, rápida y sin casi ningún esfuerzo. Sólo hace falta asomarse un poco a determinadas cadenas de televisión o alguna que otra red social de esas tan populares y encontraremos algunos de ellos casi sin querer.
Total, que los padres, además de la responsabilidad de ser padres, se ven en la vorágine del consumismo y la economía.
No es extraño que no puedan dedicarle a los hijos ese tiempo de calidad tan necesario y que están desando dedicar, por lo que muchas veces el sentimiento de culpabilidad que llega a generarse puede llevarles a intentar compensarlo concediendo caprichos.
En otros casos es el hecho de intentar encontrar un momento de tranquilidad y encontrarse con un berrinche. Si transijo, se acaba la pataleta, encuentro paz. Al menos al principio. Luego resulta que no funciona tan bien.
Quizá por eso la palabra NO es algo que escuchan poco y los pequeños emperadores se vuelven poco tolerantes a esto de los noes.
Y esta carencia de noes lleva a una falta de límites claros. Si los padres no tienen tiempo para dedicar a los niños y a veces se delega en terceras personas como abuelos o cuidadores, tampoco van a tener demasiado tiempo para educar a los niños en normas de conducta adecuadas, con lo que el sentimiento de impunidad se hará presente en el niño: «se hacen todo tipo de concesiones para no tener problemas y al final lo que generan es un problema» dice Javier Urra.
Por eso es muy importante que los pequeños tengan unos límites claros, coherentes, consistentes y compartidos tanto por los dos progenitores como por el resto de la familia, y añadidos (abuelos, tíos, amigos, niñeras…).
Además de todo esto habría que considerar aquello de tener que darle a mi hijo todo lo que yo no tuve.
O al revés: no quiero que mi hijo sufra la misma educación que tuve que sufrir yo.
Todo suma.
¿Y fuera de la familia?
El sistema educativo parece que también queda saturado. Puede encontrarse con tener que marcar límites a unos niños que los desobedecen y desafían para conseguir lo que les apetece. Incluso se puede dar el caso en que desde el colegio se intentan establecer ciertas normas y se encuentran con la desaprobación y las quejas paternas, padres a quienes  no les gusta que nadie ejerza ningún tipo de autoridad sobre sus hijos, excepto ellos, si es que realmente la ejercen.
Hace muy pocos días se ha publicado en prensa que una maestra en Toledo ha sido gravemente agredida por una madre cuyo hijo había llegado a casa con un chichón. No es lo habitual. Pero se da.

Con todo esto encima de la mesa se podría decir que los más peques de la casa poco a poco se van acostumbrando a no valorar las cosas y a que sus deseos más inmediatos deben ser cumplidos por encima de todo.
Por otra parte, es lógico que los padres acaben por frustrarse y angustiarse muchísimo, porque nada de lo que hagan conseguirá que el niño esté satisfecho.
Dejar que el mundo gire alrededor de nuestro emperador particular les está haciendo un muy flaco favor, porque un niño que no ha experimentado algo de frustración y que no siempre se va a salir con la suya, es un niño con una cierta debilidad.
En un futuro puede llegar a tener muchas dificultades para afrontar nuevas situaciones y solucionar problemas sin ayuda.
Cuando este pequeño emperador sea adolescente y se hayan consolidado sus pautas morales y de conducta, puede tener problemas para aceptar una autoridad externa que les imponga ciertos límites, por ejemplo los mínimos de convivencia.
En los casos más graves puede llegar a la agresión física a sus padres, aunque son las madres las que se suelen llevar la peor parte. Incluso hay alguna corriente social que llega a considerarlo como una forma particular de violencia de género.
El problema puede llegar a hacerse mucho más serio. Sobre todo si tiene que intervenir la policía. No sería la primera vez. Y desgraciadamente no sería la última.
El qué se puede hacer para prevenir o corregir esto lo dejamos para la siguiente entrega.